martes, 14 de noviembre de 2017

El futuro a través de un corazón

«¿Qué será lo que le escribe su madre en esos papeles?», nos preguntábamos en la UCI al observar cómo los colocaba, cuidadosamente doblados, en la mano de su hijo nada más llegar. Después no decía nada: sólo silencio…, y los mensajes. 
Todas las trabajadoras pensaban que se trataba de oraciones abogando por la curación del pequeño. Todas menos yo, que decidí leerlos. Leérselos. 
La madre había resuelto compartir la vida entera de su hijo en el mes que aún restaba. Esas notas recorrieron años de infancia, adolescencia y madurez. Consejos, felicitaciones, confidencias, incluso había alguna regañina… Y finalmente su despedida: «Estoy orgullosa de ti. Me voy, pero no estés triste. Sonríe siempre». 
Al día siguiente, al entrar en mi turno, encontré la cama vacía.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Excusas de una quiromante discreta

Mi madre sonríe misteriosa cuando le preguntamos cómo consigue presagiar cada acontecimiento que va a ocurrirnos, pero no dice nada. Hasta hace poco era la última en enterarse de cualquier eventualidad. Siempre despistada, incapaz de interpretar los signos más claros… Por eso nos extraña tanto esta transformación. 
El caso es que ahora no deja de adivinar el futuro mientras da rienda suelta a sus nuevas obsesiones: tomarnos constantemente medidas para tejer guantes, revisar la correcta higiene de nuestras manos antes de cada comida, y los relajantes masajes en las palmas que facilitan un mejor descanso. 
Hay que reconocer que la abuela ya no tiene insomnio. Y mi madre no deja de repetir: «¡Te lo dije!».

lunes, 30 de octubre de 2017

La vuelta al parque

Vuelve a pedirme que le empuje, no le basta sólo con el impulso de sus piernas.  
—Más alto —exclama. 
Poco a poco coge velocidad y ríe ruidosamente. Yo sigo empujando con más fuerza, contagiado por su emoción. 
—¡Yuju! —. No sé si lo dice él o yo, o el aire, que se divierte por primera vez en mucho tiempo. 
Con el último envión, sale despedido y a mí me entra el pánico. 
 —¿Está bien, don Antonio? —le pregunto mientras vuelvo a colocarlo en la mecedora, con la esperanza de que el resto de residentes no se haya dado cuenta de nada.

martes, 24 de octubre de 2017

La biblioteca privada

Horacio, el alcaide, no aceptaba a cualquier prisionero. Le gustaban los crímenes aviesos, descarnados. En su despacho, paladeaba los truculentos testimonios detallados por los asesinos, mientras dejaba que el humo de su cigarrillo ambientase la escena.
Cada celda un volumen decía.
Las historias policíacas le sedujeron desde pequeño, pero ni quiso ni supo conformarse con la ficción.

lunes, 23 de octubre de 2017

Hasta donde el deseo alcance

Vuelve a pedirme que le empuje y el columpio se eleva enérgico.
—¡Más fuerte! —grita—. Quiero llegar más arriba.
Así lo hago. Impulso su cuerpecillo con todas mis fuerzas, y el niño sube alejándose del suelo. Por un instante le pierdo de vista. El sol me ha cegado al mirar a lo alto. Después, va perdiendo velocidad hasta que se detiene.
Cuando baja, estoy seguro de que ha tocado el cielo, lleva el azul en sus ojos.

jueves, 19 de octubre de 2017

La ilógica de la esperanza

«Que todo vuelva a ser como antes», deseaba casi con pánico cuando acontecía la mínima transformación a su alrededor. 
Seguía vistiendo como hacía tres décadas, su peinado permanecía inalterable y, por supuesto, había renunciado a cualquier innovación tecnológica. Incluso sus hábitos mermaron para evitar adaptarse al cambio: dejó de comprar su marca de leche cuando renovaron el envase; evitaba las calles con construcciones nuevas; y hacía años que la radio enmudeció en su casa. 
—Si todo sigue igual, es más fácil que regrese —decía—. Así encontrará el camino de vuelta… Si todo permanece como lo dejó.

lunes, 9 de octubre de 2017

Vivir en apnea

La ciudad del amor tiene tantos mapas del tesoro como habitantes. Sus mares de asfalto se iluminan de noche y esconden laberínticas rutas entre islas desconocidas. Enamorarse es navegar. Eso lo saben todos los náufragos. La mayoría aguardan el momento para lanzarse de nuevo contra el oleaje sobre una balsa improvisada. Otros, los que se ahogaron, renunciaron siquiera a mojar sus pies en la orilla. Día a día prorrogan la ausencia de aire porque olvidaron que enamorarse no sólo es navegar, sino volver a respirar.

jueves, 5 de octubre de 2017

La pequeña historia de la señora Buenaventura

La señora Buenaventura era tan chiquitita que no usaba tacones para que no se le notase. Y así pasaba: cuando alguien la veía por la calle, la confundía con una niña. Nadie pensaba: «¡Vaya mujer más diminuta!» 
Si bien esto resultaba reconfortante para su complejo de estatura, también implicaba un grave problema, pues ningún hombre se fijaba en ella como posible esposa. Ni siquiera el señor Merino, propietario de una tienda de antigüedades, frente a la cual, la señora Buenaventura pasaba horas enteras observando cómo aquel hombre limpiaba con delicadeza los juguetes de latón del escaparate. Casi parecía que los acariciaba. 
Una mañana, la señora Buenaventura decidió cambiar su suerte. Para ello pidió hora en la peluquería. Al salir, sus cabellos relucían como el oro, y perfectos tirabuzones bailoteaban con cada paso. Acto seguido, marchó a su casa, para engalanarse con un delicado vestido de tul, unos zapatitos de charol y un sombrero con una gran cinta rosa. Nadie más volvió a confundirla con una niña. Tampoco el señor Merino. Ahora todos piensan que es una muñeca, a quien el anticuario mima como la pieza más preciada de su tienda.

viernes, 22 de abril de 2016

¡Feliz Día del Libro!

http://www.danielmonterogalan.com
 
Leer A solas
ANTE el mar
Escuchando el oleaje del horizonte.
Leer BAJO la lluvia
Y mojar los párrafos de nubes,
CABE un sendero
Y dejar que las palabras sigan su camino.
Leer CONtigo.
Leer.
Leer CONTRA todos los que no quieren que lea.
Leer DE corrido y trabándose la lengua.
Leerte DESDE la cama
EN voz alta
Abandonando los puntos suspensivos ENTRE las sábanas.
Leer HACIA el futuro,
HASTA que se me duerma la lengua
PARA no dejar que nadie
Lea POR mí…
Salvo tú.
Leer SEGÚN el tercer mandamiento,
Haciendo que todos los días caigan en festivo.
Leer SIN prisas
Leer SO pena de aburrimiento.
Leer SOBRE lo que te venga en gana.
Leer, y releer TRAS haber leído.
 
Ilustración de Daniel Montero Galán

martes, 28 de julio de 2015

AL OTRO LADO

Existe una Feria del Libro diferente e inesperada al otro lado de las casetas. Una Feria que te lleva a la carrera al igual que el conejo de Alicia. Una Feria llena de encuentros, de sorpresas y, sí, de alguna Reina de Corazones.
Éste ha sido mi primer año al otro lado. He tenido la suerte de poder compartir la experiencia con compañeros fabulosos. La trastienda de la Feria es lugar de reunión: autores, ilustradores, editores… Por fin se materializan los abrazos que llevaban esperando meses tras innumerables mails. Es un momento para confraternizar, para celebrar y hacer contactos. Y en medio de todo ese intercambio de experiencias, de sonrisas, de conversaciones pendientes, están las firmas, las librerías y los lectores.
Una misma caseta puede ser tan inmensa o tan estrecha como te lo haga sentir el librero o la librera de turno. Puedes estar mirando el reloj mientras adviertes que estorbas, o hallarte tan a gusto que no te importaría pasar allí toda la tarde. Yo lo he sentido así. Sin ninguna duda para las librerías se trata de un negocio, y su objetivo es vender. Cuanto más, mejor. Aunque al final ganen la partida los libros más mediáticos y televisivos, que son los que primero les entran a los niños por los ojos. Libros de «corchopán». Pero si, aun así, las librerías ofrecen su espacio para que los lectores puedan conocer a quienes escribieron e ilustraron los libros, es porque ellas también disfrutan y son cómplices del encuentro.
La primera librería en la que firmé sólo había llevado cinco ejemplares de mi libro El secreto de Sofía. El último, Comino, ni se molestaron en pedirlo al distribuidor. No me presentaron en ningún momento, ni me dejaron espacio para firmar (tenía que hacerlo encima del mar de volúmenes que poblaban su puesto). En todo instante tuve la sensación de que les debía un favor. Por suerte, en media hora se vendieron todos.
En la segunda librería me recibieron con una sonrisa. Mis libros formaban dos montañas bien visibles, disponía de un hueco en la mesa para poder firmar y una zona donde dejar mis cosas. Si quien pedía consejo para comprar no tenía una idea clara de lo que buscaba, las libreras recomendaban inmediatamente mis libros como lo mejor que podrían leer. Luego llegaba mi turno: presentar las historias, contar alguno de sus secretos… Saber venderse es una asignatura pendiente. Pero si tu libro te apasiona, si lo demuestras cuando hablas de él, pocos padres y niños se resisten a comprarlo.
La Feria deja un buen sabor de boca. Sin duda, es una experiencia y una suerte poder vivirla de los dos lados.

viernes, 8 de mayo de 2015

Caperucita y el Lobo


Para Caperucita, el Lobo es la noche,
Cada chasquido,
Sombras del bosque.
Es el quejido que oculta el monte,
La pesadilla
De sus temores.

Lobo-mentira,
Lobo-disfraz,
Quédate lejos
Tras el cristal.

Y para el Lobo…, Caperucita es el día,
La mariposa que cobra vida.
Es un aroma,
Una caricia,
Es un refugio,
Es su guarida.

Niña-amapola,
Niña-sonrisa,
Vente conmigo,
No tengas prisa.

Caperucita conoce al Lobo,
Todos sus miedos se quedan cortos.
Cuando él se acerca
Hasta sus pies,
La Niña llora,
El Lobo también.

Lobo-ternura,
Niña-cariño,
En adelante
Serán amigos.



Poema inspirado en las preciosas ilustraciones de Adolfo Serra para su Caperucita Roja. ¡Imprescindible!

martes, 28 de abril de 2015

Comino - BookTrailer

«Comino era tan chiquito, tan chiquito, que para él las estrellas estaban más lejos que para el resto de la gente».
Así comineza mi nuevo libro ilustrado por Jacobo Muñiz y publicado por Libre Albedrío. Os dejo un adelanto para quienes aún no lo conozcáis.

Espero que os guste.


martes, 6 de enero de 2015

Quiero celebrar (Ocho años y un Secreto)

Mis padres sólo beben vino cuando hay alguna celebración. Como el sacacorchos conoce las fechas de las fiestas, se esconde para no trabajar. Es un auténtico vago. Siempre acabamos pidiendo uno prestado a los vecinos. La última vez nos lo quisieron regalar, y mi padre volvió rojo como un tomate.
En una ocasión pillamos al sacacorchos desprevenido. Os aseguro que no nos habíamos puesto de acuerdo, pero mi padre trajo flores del mercado, mi madre compró vino al salir de la oficina, y la abuela se presentó con una bandeja llena de pasteles (los había hecho en su taller de repostería monacal). Decidimos inventarnos la comida de «Quiero celebrar», y cada uno dijo por lo que deseaba hacer el brindis. Lo pasamos tan bien que, desde entonces, el sacacorchos no ha vuelto a perderse ninguna fiesta.

http://www.laguaridaediciones.com/libros/secreto_sofia

Celebramos los ocho años de blog junto a «El Secreto de Sofía», mi primer libro de cuentos. Gracias a La Guarida por hacer este sueño realidad. 
El relato del sacacorchos formaba parte del libro pero tuvo que esperar porque ya no cabía.
Gracias por seguir pasando por aquí. ¡Feliz Cuento Nuevo!

jueves, 11 de diciembre de 2014

Te Quiero

Había escrito cien veces: te quiero. Al principio con caligrafía exquisita, uniendo cada letra, terminando cada línea. No había pasado de la vigésimo sexta repetición, cuando su mano comenzó a cansarse. Las formas se torcían desfigurando las palabras. Al llegar a la septuagésima, apenas se entendían aquellos garabatos. Incluso su mente trabajaba sin pensar, de forma mecánica. Antes de terminar, miró lo escrito y se le hizo un nudo en el pecho. Decidió descansar para desentumecer los dedos, y continuó con una ternura renovada. Y así, el último «te quiero» lo trazó con la misma delicadeza que la primera vez.

NiñoCactus

martes, 2 de diciembre de 2014

El Capitán Sargazo

—Tiene el mar en la cabeza —sentenciaba la tía Sonsoles al ver a su sobrino haciendo navegar una lata de sardinas en medio del campo de cebada. El viento corroboraba aquella idea moviendo las espigas como olas de un mar sembrado en medio del valle.
Nadie sabe si fue la tía Sonsoles, o el viento, o la lata de sardinas, quien empujó a Ismael hacia la costa, pero cuando el muchacho vio el horizonte, donde se fundían aire y sal, empezó a ahogarse en tierra. 
Con sus propias manos construyó un bote, tejió una vela y preparó los aparejos. Con sus propias manos arrastró la embarcación hasta la orilla y esperó. Sus pies descalzos se mojaron con el agua salada. Debía aguardar a que el océano le aceptase, a que hiciese crecer la marea para acogerle. La tarde se durmió en la arena. 
Al día siguiente, Ismael vio amanecer desde el muelle, caminó sin prisas por la playa y volvió a esperar. «El mar tiene sus tiempos», pensaba. Y el viento asentía formando remolinos. 
Dicen que, cuando llegó la hora, el barco ya estaba viejo y rodeado de sargazos secos. Ismael tenía la barba cana y la mirada azul. Para entonces, el hombre había surcado el mar innumerables veces en su cabeza, tan sólo se dejó llevar. 
El viento, compañero desde siempre, empujó su nave hacia el horizonte una última vez. 

http://guridi.blogspot.com.es/

Una historia para el juego que propone el fantástico Guridi en ¿Qué hace un hombre con una sardina en la cabeza? 
 Atrévete a escribir la tuya.